La foto

Mucho se ha hablado del tiempo, de lo que es y de su relación con el espacio... Yo creo que el tiempo es una percepción de la conciencia, pero sólo en la medida en que las cosas cambien. Si éstas no cambian, entonces el tiempo simplemente no existe...

No se si el tiempo es propio de nuestra conciencia
no se si existe de verdad
no se quien pueda comprobar si todo es una foto
O va al ritmo de un tic-tac... o va al ritmo de un tic-tac

Sin embargo, sabemos que el espacio y el tiempo están ligados. Pero si el tiempo es una percepción sólo por los cambios, entonces, el entorno también es percibido sólo si cambia. Y lo mejor... si el tiempo es producto de la conciencia, entonces, el entorno también. ¿Espacio y tiempo son, entonces sólo conciencia?

¿Pero que diferencia hay?
si de la conciencia no nos podemos librar
Esa guía innata y leal que vos bien sabes
no siempre podemos respetar, no siempre podemos.

La conciencia siempre estará con nosotros, entonces, el tiempo y el espacio también. ¿Qué sucede entonces cuando queremos escapar? Cuando esa imperiosa necesidad de ser otra cosa y otra persona sólo para experimentar un rato o para realizar un cambio radical... para ello tenemos que salir de sí, tener otra óptica, cambiar nuestro espacio, cambiar nuestro tiempo... ¿Será por eso, entonces, que hay ciertas personas que la paz parece emanarles del cuerpo sólo porque afrontan la vida de otra manera? ¿Será por eso que ellos ven las cosas de otra forma? ¿Porque su tiempo es diferente al nuestro?

Y hoy debe ser la tuya mi peor enemiga
la que te echa la culpa
por no saber aguantar tus ganas y las mias
de parpadear una vez más.

Mucho se ha hablado del cambio y de la reticencia a éste, pero esto me lleva a preguntarme por qué tal oposición... ¿Será que proviene de que el cambiar algo mínimo implica cambiar la conciencia, con ello el tiempo y así el propio espacio? ¿Será entonces que como dicen algunos para cambiar el mundo sólo hay que cambiar el entorno?

Vos no te preocupes que yo voy a intentar
que pegue media vuelta y patee para atras
se que no es irreversible este proceso
pero no quiero que valla hacia atrás.

¿Y qué sucede cuando recordamos? ¿El espacio se vuelve hacia atrás y el tiempo se materializa en un entorno? ¿Cómo actúa nuestra conciencia? ¿Será ésta, entonces, nuestra propia máquina del tiempo?

Yo por ateo y racional no tengo a quien rogarle
Vos tan insegura que queres cambiar de vida
Yo de la esperanza un mal amigo
y vos tan frágil como aquella hojita que me pediste que guarde.

Si las divinidades son realmente producto de nuestra conciencia, ¿serán ellos, entonces, después de todo, creadores del tiempo y del espacio? ¿Será entonces que todo lo que conocemos no es más que producto de nuestra conciencia? Y si es así... ¿Dónde está nuestra conciencia? ¿Será creada por otras conciencias?

Y hoy debe ser la tuya mi peor enemiga
la que te echa la culpa
por no saber aguantar tus ganas y las mias
de parpadear una vez más.

Vos no te preocupes que yo voy a intentar
que pegue media vuelta y patee para alla
se que no es irreversible este proceso
pero no quiero que valla hacia atrás.

Y hoy debe ser la tuya mi peor enemiga
la que te echa la culpa
por no saber aguantar tus ganas y las mias
de parpadear una vez más.

Vos no te preocupes que yo voy a intentar
que pegue media vuelta y patee para alla
se que no es irreversible este proceso
pero no quiero que valla para atrás.
Pero, ¿qué sucede si en realidad todo lo que digo acá no es más que una fantasía? ¿Y si el tiempo es independiente de nuestra conciencia? La conciencia varía siempre, entonces, ¿el tiempo podría estar estático pero no nuestra conciencia? ¿Sería todo un instante perdido en el espacio y tendría sólo vida porque queremos creer que es así?

Y si es que el tiempo existe yo quiero compartirlo
si todo es una foto quiero estar.
Y si es que el tiempo existe yo quiero compartirlo
si todo es una foto yo quiero estar al lado tuyo
Al lado tuyo quiero estar, en al foto quiero estar
Al lado tuyo.

Si llega a ser así, siempre somos controladores de nuestra conciencia, del tiempo, y también del espacio...

Dos años zafando

Nunca pensé que este emprendimiento fuera a durar tanto. Si bien es cierto que ha estado un poco "abandonado" aún no está olvidado, y de tanto en tanto hasta yo mismo entro como si fuera otra persona, a ver qué hay de nuevo... aunque claro, a veces me olvido que también soy el autor. Creo que jugar con personajes en primera persona lleva a eso, a una dinámica macabra de ser una persona y otra al mismo tiempo, y luego leerlo sigue las mismas reglas de la confusión.

Aún así, creo que está bueno mirar todo lo que pasó por aquí en el último año. Se podría decir que hasta este mismo blog tuvo un hijo. Es que en esa dicotomía de ser y no ser el personaje se encuentra siempre algo de real, y eso mismo es lo que ha parido este blog: Pintando pájaros, que a diferencia de su padre, Al filozafando, se mantiene fiel a los hechos reales, a lo visto, oido y sentido de un momento determinado.


Pero como buen padre -Al filozafando- suele contarle historias a su hijo, suele contarle algunas cosas que en su imaginación sólo suceden, y otras que no tanto. Y así, a veces el mismo Padre se encuentra aprendiendo cosas de sus mismas historias. Recuerda cuando el año pasado, como por Octubre, se dio cuenta que sus malos recuerdos no deben ser borrados y por eso se puso a recordar los buenos, mientras en el proceso su hijo imaginaba cómo serían esas historias.

También le contó historias de otros, como las de Lucía, Diego, Randy, y otros cuyos nombres nunca quiso revelar. Recuerdo que desde que era chiquito le contaba historias, cuando aún no había nacido, con la intención de que reconozca su voz, como aquella de cómo conoció a "mamá"; la historia típica que todo chiquilín quiere escuchar.

Y así pasó el tiempo, contando historias. Algunos dicen que no sirve para nada, que es una pérdida de tiempo tanto contarlas como escucharlas, pero lo cierto es que el tiempo pasa, y desde épocas inmemoriales se siguen contando historias, algunas como las que se cuentan acá, otras no tanto, pero no hubo ni papel, ni piedra, ni computadora que reemplace el código de contarlas. Y eso creo que es lo que su hijo aprendió, y comenzó a contarlas muchas veces sin dejar rastro. Sin embargo, el cambio del tiempo se nota, y por más que no deje rastro, el calendario se mueve, prueba irrefutable de que algo siempre sigue pasando, y que tanto Padre como Hijo siguen cambiando.

Gracias a todos los que siempre están, en la constancia del cambio acompañado.

Amantes del montón

No es una historia distinta a todas. De hecho, comienza como todas: conmigo una tarde de verano, y con ella una noche de invierno.

Yo no buscaba a nadie, ni tampoco tenía pretensiones sobre nada. Solo intentaba divertirme un rato. Ella tampoco buscaba a nadie, no tenía pretensiones de nada. Solo intentaba perderse una noche de apagón, mirando la tormenta a través de una vela.

Yo salí de aquel boliche a orillas de la playa para mirar el mar tan calmo como nunca antes. Ella salió para afuera de su casa, a sentir la lluvia fina y fría que se acercaba.


Yo deseé que aquella calma se rompiera de pronto. Ella deseó que aquella tormenta cesase por un segundo.

Yo bailé, me divertí, tomé, grité e hice un montón de cosas más que no vienen al caso. Ella se sentó, lloró, no cenó y se acostó a dormir.

Yo no supe cómo ni cuando, pero en el Ecuador nos encontramos. Yo no supe ni cómo ni cuando, pero los planetas se chocaron, los pájaros callaron, y en un instante como cualquier otro, ella desapareció, y yo desaparecí.