VIII: La demostración imperfecta de la perfección

Salía nervioso, pero eso no era novedad. Siempre me pasaba lo mismo cada vez que iba a dar un examen. Los días anteriores me pasaba preparando todo como si fuera lo último que haría en mi vida, durante ese tiempo no existía más que hacer las cosas bien, regla que siempre aplicaba para todo lo que hacía. Y luego venían las horas del examen, esas horas en el que el mundo se derrumba y solo existen dos cosas: los problemas a resolver y yo. Y luego uno de los periodos de mayor tensión... Si las cosas salían como esperabas te llenabas de alegría y no se te ocurría otra cosa que salir a festejar tu nuevo logro, en cambio, si las cosas no salían como esperabas, no se te ocurría otra cosa que salir a festejar para olvidar la mala racha. Eso era lo bueno: pase lo que pase lo mejor era salir a festejar para descargar tensiones. Pero claro, lo hecho hecho estaba, y lo mejor era esperar con todas las ganas los resultados, rezando que el motivo de la fiesta fuera el haber salvado.

Así llegó el día en el que el jurado daría su veredicto, y nos aproximamos a la cartelera. Entre algunas personas logramos hacernos camino para mirar los resultados. Y si... luego de tanto esfuerzo vino lo esperado, y un reluciente "Aprobado" aparecía cerca de mi nombre. Orgulloso salí a tomar aire, riendo como atontado. Allí me encontré con Mariela, una de mis compañeras de estudio y amiga. Me extrañó verla tan tranquila mirando hacia el parque al que daba la Facultad. Me acerqué para felicitarla por su aprobación, pero inmediatamente me llamó la atención su gesto de indiferencia. "¿Qué te pasa?" le pregunté. "Nada...". "¿Cómo? ¿No estás contenta? ¡Salvaste!", "Si..." dijo temerosamente. "Dale, ¡arriba ese ánimo! ¿Salimos a festejar hoy?", "Si, estaría bueno...". "¿Qué pasa che? ¿No te esperabas lo de hoy y te sorprendió?". "No, todo lo contrario...", "¡Bueno! ¡Que fe que te tenías entonces!", "No es eso... Estoy contenta de haber salvado, claro... pero...".



Ese "pero" significaba todo. Hacía días venía notando un humor especial en ella; y eso era extraño, no porque fuera una persona de esas que se ríen todo el día, sino porque era de esas personas que no se abren demasiado a contar sus cosas. Quizá puedas contarle lo peor que te pasó, pero de ella no podías que esperar más que un consejo, una mano tendida, y hasta un hombro para llorar... y todo esto está excelente, pero era extraño nunca escuchar una historia ni siquiera remotamente similar. Imaginé de todo... problemas familiares, amorosos, de dinero (cosa que me parecía extraño), de amigos, y hasta de espiritualidad... ya me preparaba para escuchar cualquier cosa.

"...Hay algo que falta". "¿Te peleaste con tus padres?" pregunté tratando de descartar una de las posibilidades que surgía en mi mente. "No, con ellos está todo bien". "¿Entonces?". "Es que... no sé, es difícil de explicarte... te vas a reír. Mejor dejala por esa". "No, no, no... de ninguna manera". Siempre la había apreciado mucho; y más que sentir la obligación de escucharla sentía que realmente quería hacerlo, por lo menos como muestra de agradecimiento por tanto apoyo. Así que me acomodé en el pasto donde estábamos sentados y me dispongo a escucharla. "¿Seguro?". "¡Si! No seas boba, contame que esto queda entre nosotros". "Bueno, hace días que me vengo sintiendo rara", "Si, lo he notado... no te quise preguntar nada antes porque estábamos estudiando y no daba hacerlo frente a todos. No me pareció el momento más apropiado". "Debiste decírmelo, me hubiese ayudado mucho...", "Bueno, jejeje, para eso estoy ahora acá". "Gracias, en serio", "De nada, contame".



"Como sabés, hoy salvé, y esto está muy bueno, realmente me pone muy contenta, pero no me siento particularmente feliz". "¿Pero cuál es el problema entonces?". "Ninguno. Por suerte desde que entré a Facultad el año pasado no he perdido ninguna materia. En mi casa está todo bien. Mis padres son divinos... nunca tengo problemas... ni de convivencia ni para salir, nunca me hicieron problema por eso. Y con mis hermanos lo mismo... Con mi novio está todo bien... no hace tanto que estamos tampoco. Estos cuatro meses se ha portado divino y no he tenido problemas con él... y tampoco con mis amigos, digo, con ustedes me llevo bárbaro y me divierto muchísimo. También estos últimos tiempos he podido crecer más en mi fe, y está todo bien respecto a ese tema. Y ta... no se... hace poco ascendieron a mi padre y ahora está laburando mejor, ganando más y todo eso...". "Ahá" dije tratando de que continuara luego de su pausa. Realmente no sabía qué decirle. Por ahora no encontraba la razón por la que podría estar mal.

 "Y ta... es por eso que estoy mal". Ahora sí que no entendía nada. No me dijo ningún problema... a mí nunca me había pasado nada así. Sin embargo, realmente se notaba que estaba triste. "Es que a veces siento que hago todo bien...". Esto era raro. Nunca nadie me había dicho algo así, y definitivamente no sabía qué responderle. "Bueno, bueno, tranquila... ¿decís que está todo absolutamente bien?". "Sí". "¿Y eso te hace sentir mal?". "Sí". "Entiendo...". Listo. He aquí una mentira. Sinceramente entender, lo que se dice entender, no entendía nada. "Es que todo se ha vuelto muy 'aburrido'. Pero no porque no tenga nada para hacer o porque no sepa qué metas plantearme. Lo que pasa es que siento que he hecho todo bien. Siempre me enseñaron lo que tenía que hacer casi que en cada situación, y así me he manejado toda mi vida... y ahora todo está así... A veces quisiera ser otra persona, tener algo por qué preocuparme, meter la pata... Ni siquiera tengo que preocuparme en pensar en lo que van a decir cuando haga esto o aquello, porque todo eso siempre me pareció estúpido, y no le presto atención...". Algunas lágrimas ya empezaban a asomarse por sus ojos tristes. Es feo ver llorar a alguien. Y más a una mujer. Y sobre todo cuando no la entendés. Más aún cuando no tenés idea qué palabra de aliento podés decirle. "No quiero pecar de vanidosa, pero mírate vos... Me encantaría ser vos por unos momentos... tu vida no es perfecta... te peleaste con tu novia, ayer ni siquiera sabías si ibas a salvar hoy...". "Y vos sí". "No es por nada, pero sí... realmente me veía muy bien preparada". "Tu vida sí es perfecta" digo sin pensarlo.



Un hombre paseaba un montón de perros. Un anciano le daba de comer a las palomas. Los pájaros cantaban en el parque frente a nosotros. El Universo tenía su armonía. Luego de unos instantes contemplando el paisaje dice tímidamente "sí... realmente me encantaría ser vos... es como que aún con todo lo que te pasa sos buena persona, con valores, inteligente... definitivamente ambos sabemos que no te pasan cosas lindas solamente, pero aún así te ves bien. Claro que no siempre sea así para cualquiera, pero para mí siempre te ves bien". Si allí pasara alguien pensaría que era una conversación de pareja, pero nosotros sabíamos que esto no entraba en esa categoría. Sin dudas que yo la conocía, y sabía que por más raro que sea (el único caso que conozco, de hecho) su vida sí parecía perfecta. Pero ahora, que menos me lo esperaba me encontraba allí escuchando todo eso.

 "Mmmm..." digo inconscientemente mientras pensaba en algo... "Qué querés de tu vida a parte de lo que tenés". Sin dudas era una pregunta difícil de responder para cualquiera, y sobre todo para alguien en su situación. "Y... formar una familia, como todo el mundo" dijo secándose las lágrimas con el puño de su buzo. "Si, ¿pero qué más? Decime algo más 'grande'". "Tener un hijo". "No, decime alguna de esas cosas que todo el mundo anhela... desde los más conocidos pensadores hasta cualquiera de nosotros". "Que no haya peleas, que haya paz entre todos, que...". "Listo, ahí lo tenés. Ahí tenés una nueva meta, un motivo por el que luchar. Quizá hayas estado encerrada en tu 'vida perfecta', tu 'mundo perfecto', y por tan perfecto que era no pudiste ver lo que también es parte de tu vida... la de los que te rodean, sus imperfecciones... Pudiste ver lo 'bueno' de ellas, pero no pudiste ver algo más grande... de esas cosas que nos involucran a todos".

Lentamente volvió a sonreír. Lo había logrado, me había sentido feliz de poderla hacer reír una vez más, dentro de su tan perfecta vida. "Gracias" dijo tímidamente mirando hacia abajo. "Te agradezco muchísimo... tenés razón... me encerré demasiado en 'mi mundo' y no pude ser capaz de ver todo lo que puedo hacer para mejorar el que realmente es Mi mundo...". "No te preocupes, sos humana y ya vas a meter la pata" le digo jocosa pero seriamente a la vez. Nos reímos juntos. Nos vimos a los ojos y salimos caminando al encuentro de nuestros compañeros para salir a festejar cualquiera sea el resultado.



Ya de noche, en mi casa, pensaba en lo extraño de aquella conversación... y en la conversación que mi padre me había contado había tenido en un avión con una Licenciada en Física. Bajito a mi mente se le escapa: "La demostración perfecta de la imperfección..." luego de una larga pausa con mi mente en blanco y mirando el techo digo: "Que bueno que mi vida imperfecta pudo ayudar a la suya... Es como esa armonía en las cosas...". El hombre que paseaba los perros, el anciano que alimentaba las palomas, el camino de hormigas en el pasto, sus ojos tristes, su vida, la mía... “La demostración imperfecta de la perfección” digo, y antes de dormirme agrego: “La imperfección de su vida era que era perfecta…”

2 personas intentaron zafar conmigo:

Ferchu dijo...

Siempre un placer leerlo, gracias por compartir esto conmigo.
Saluti

Diego González dijo...

No, Ferchu, gracias a tí por estar.

¡ABRAZO GRANDE!